A mi tío tlacuache, Juan O´Gorman


Unas décadas atrás, dos eran los temas emblemáticos de las tarjetas postales mexicanas: La Quebrada de Acapulco y la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria. Así que la Biblioteca, con sus murales policromos, era sin duda la obra más famosa de Juan O´Gorman en el mundo entero y, se dice también, el edificio más fotografiado de nuestro país.


Hoy día, el icono universal de O´Gorman es la casa-estudio de Diego y Frida. Si bien la Biblioteca Central,

que en el 2006 cumplió 50 años, es pieza clave de la estética de Ciudad

Universitaria, no quiero demeritarla al detectar que, con el tiempo, la fama le ha llegado a la casa-estudio. Hoy se aprecia el importante lugar de esta obra en la arquitectura moderna. Sin duda, la Fridomanía habrá contribuido a este fenómeno, ya que la casa aparece en primer plano en las películas que han rondado el mundo.


Quien visite, y principalmente quien habite en la Ciudad de México puede y debe darse el gusto de conocerla, como un sano paréntesis en el ir y venir cotidiano. Lo sugiero por acercarse a Juan O´Gorman el arquitecto, tan conocido en nuestro país por su trabajo posterior, en tanto pintor y muralista.


Nacido en el barrio de Santa Catarina, Coyoacán (1905), vive algunos años de su infancia en Guanajuato, pero en 1913 su familia debió

trasladarse de nuevo a la Ciudad de México debido a que los enfrentamientos

armados impedían el trabajo del padre en las minas. Este dato de la infancia es importante, como veremos después.


El joven Juan, con su enorme sensibilidad artística, encuentra su primera pasión en la arquitectura. En esos años, el México de los veintes, se vive un debate cultural que exigía a sus artistas encontrar el verdadero rostro del país y, al mismo tiempo, una expresión auténtica en el arte contemporáneo. Nada mejor para entrar de lleno a este debate que ingresar a la Escuela de Arquitectura, dependiente entonces de la Academia de San Carlos. Así que O´Gorman hace precisamente eso.


Apenas concluyendo sus estudios, en 1929, el joven arquitecto sorprende a los citadinos con la primera casa funcionalista en México. Y vaya que los sorprende, e incluso horroriza. Bajo la influencia de las lecturas de Le Corbusier, proyecta y construye para su padre en la elegante avenida que hoy se llama Altavista una casa moderna. Esto quiere decir, no una mansión afrancesada sino una “máquina para vivir”, donde la forma deriva de la función utilitaria. Cuando se la muestra a Diego Rivera, él se fascina con esta propuesta tan evolucionaria, y contrapuesta a la estética del ornamento. Se entiende bien la reacción de Rivera pues nada podía ser más pertinente al momento histórico que buscar construir con eficiencia y economía. De manera que en 1930 O´Gorman aplica el principio funcionalista a la hoy mundialmente famosa casa-estudio de Diego y Frida. Y lo hace al lado de la casa de Cecil O´Gorman, o sea la primera que citamos, donde los vecinos no comulgan con el surgimiento de una casa moderna. A pesar de que el entonces joven arquitecto insistía en que a él le interesaba aplicar este principio de máximo de eficiencia con un mínimo de costo, y que la arquitectura debía ser “científica” aún en detrimento de la estética, Diego, al encargarle su casa, tenía la sensibilidad para reconocer que se trataba de una nueva estética, y la intuición de que el resultado podría ser una obra de arte.


Y el tiempo le dio la razón a Diego. Esta obra en particular de Juan parece decirnos que el artista grande está ahí en el momento en que tiene que estar, pero no vive con su generación sino un poco delante de ella. Por eso la siguiente generación se reconoce en él. Cuando lo que le fue contemporáneo ha llegado a ser cursi, abaratado, él queda como la única fuerza viva por haber obrado en contraste con la obra de sus contemporáneos.


Todavía hoy día, la casa destaca sobre Avenida Altavista por su modernidad. Su restauración estuvo a cargo de Víctor

Jiménez, autor de un libro que hoy tengo en mis manos, publicado por la

Facultad de Arquitectura de la UNAM: Juan O´Gorman vida y obra. Este

volumen forma parte de la

colección Talleres, proyecto editorial que emprendió la

citada facultad con el propósito de dar a conocer a las nuevas generaciones de

estudiantes la vida y los aportes de conocidas figuras, cuya obra singular ha

formado parte de la historia de la arquitectura mexicana del siglo XX.


Mientras hojeo el libro, disfruto el hecho de que se ocupa de O´Gorman arquitecto. Al mismo tiempo, me vienen a la mente las otras facetas del artista y luego, por las cadenas de ideas que nos ocurren, acabo pensando en la trascendencia que tiene el ámbito familiar en la educación y en lo que después ocurre con la vida de las personas. En este caso, Juan, y su hermano Edmundo, muestran una clara influencia de su padre Cecil, un irlandés ingeniero de minas y pintor. Ahora sí que para cumplir con los deseos paternos, Edmundo estudió

abogacía en la Escuela Libre de Derecho, profesión que ejerció durante algunos meses para después doctorarse en historia y filosofía. Juan estudió arquitectura,

carrera que ejerció de manera apasionada y fructífera durante bastante tiempo

para después dejarla por la pintura, cuando consideró

que la arquitectura funcional olvidaba las intenciones que le dieron vida.

Aparte, cosa curiosa, Juan era adicto a la historia y Edmundo lo era a la arquitectura.


Una

prueba evidente de la importancia que tuvo el ambiente familiar, es la época

que pasó Juan de niño en Guanajuato, donde vivió durante tres años mientras su

padre trabajó como técnico en la mina El Profeta. Alguna vez O´Gorman afirmó que

consideraba estos años como un episodio crucial en la formación de su

sensibilidad artística. Tiempo después, cuando proyecta sus murales policromos

para la biblioteca de Ciudad Universitaria, se asesoraría con un amigo de su padre, también ingeniero en minas, para integrar una paleta de 150 mosaicos de diferentes colores, mismos que Juan localizó viajando por toda la República (hasta en mula), especialmente por Guerrero, Zacatecas y Guanajuato. Es en la Biblioteca donde el pintor y muralista lleva al plano arquitectónico la pintura, mostrando así su dominio del espacio. Cubre los cuatro muros ciegos de la torre con mosaicos policromos, plasmando la historia mexicana de antes y después de la conquista.



Aunque la Biblioteca, junto con la casa-estudio de Diego y Frida, es lo que más se conoce del artista a nivel mundial, es imposible olvidar la casa de sus sueños en la avenida San Jerónimo, la casa fantástica (y al mismo tiempo funcional) que Juan O´Gorman construyó en 1949, aprovechando una gran cueva existente en el paisaje agreste del Pedregal de San Ángel, para vivirla junto con su esposa y su única hija. Esta obra de arte, que debió ser patrimonio de la humanidad, lamentablemente no se protegió y fue despiadadamente destruida cuando el artista la vendió para volver a su casa de la calle Jardín. Juan nunca se pudo reponer de la tristeza profunda que le causara la destrucción de la casa de San Jerónimo, con todo y sus seis murales hechos de piedras de colores y vidrio azul. Es que no imaginó que la compradora (por aquel entonces, triste ironía, directora del Museo de Ciencias y Artes), no quisiera conservarla en su estado original, ya que para él fue esta morada la obra arquitectónica más importante de su vida. Hoy ya sólo resta (y hay que hacerlo) conocerla mediante los libros, publicaciones de arquitectura, y de los textos que le dedicó Ida Rodríguez Prampolini.


Esa profunda tristeza aceleró su muerte, ocurrida en su casa de la calle Jardín el 18 de enero de 1982.


Entre su amplio legado destaca la pintura de caballete, verdaderamente maravillosa y cuantiosa, que se puede admirar en el estupendo libro sobre OGorman producido por el Grupo Financiero Bital en 1999: retratos (también su padre era un gran retratista) y paisajes fantásticos, que forman parte de colecciones privadas. En el aeropuerto internacional de la Ciudad de México se conserva un mural (de los tres) que dedicó a la historia de la aviación. Se trata de uno de sus murales más sobresalientes. Originalmente era un tríptico pero los dos restantes fueron destruidos porque su mensaje pareció demasiado radical a gobernantes de reducido criterio. En uno de ellos representaba a Hitler y Mussolini como dos dragones con alas de demonio.


En el Castillo de Chapultepec se encuentran otras dos enormes paredes pintadas al fresco, a las que dedicó una inmensidad de jornadas de trabajo, subido en el andamio y ataviado con su overol gris, para explicar al pueblo de México la lucha de independencia y la revolución. En el Retablo de la Independencia, rehace la memoria histórica mediante 53 retratos de los personajes principales que intervinieron en este acto tan trascendente para nuestro país. De fondo, el variado paisaje nacional, desde las sierras más altas hasta las playas de Acapulco. En ambas obras pone de manifiesto el espíritu del muralismo (tan criticado por los artistas de vanguardia) de transmitir la historia a través del arte. Alguna vez dijo O´Gorman que el día en que sus murales se volvieran cromos en hojas de calendarios, y se vendieran en San Juan de Letrán, se sentiría feliz porque eso significaría que le llegan a la gente.


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Bettina Cetto (México, D.F.). Ahijada del tío tlacuache. Radica en Cancún desde hace 25 años. Economista, traductora, ha colaborado en diversos periódicos y revistas.



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Etiquetas: Juan, O´Gorman

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