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Teoría y práctica de la traducción

Hace seis décadas, en el D.F., no existía Ciudad Universitaria como tampoco una sola casa sobre la lava del Pedregal. Era un territorio inexplorado que no había tenido pobladores durante 2,500 años. Luis Barragán se deslumbró ante la belleza agreste de la naturaleza al Sur de la Ciudad de México, y visualizó este paraje convertido en espléndidos jardines privados entre las rocas, con casas que satisficieran al espíritu. La naturaleza transformada a escala humana para su disfrute. De manera que se asoció con José Alberto Bustamante para desarrollar este maravilloso fraccionamiento.

Por aquel entonces, el nombre de Barragán no figuraba todavía en los libros de arquitectura. El reconocimiento y la fama le llegaron en 1976, cuando el MoMA de Nueva York le organizó una gran exposición acompañada de la publicación de un libro sobre su obra, de la autoría del argentino Emilio Ambasz. Estos eventos fueron sin duda definitorios para que Luis Barragán (nacido en Jalisco, 1903, e ingeniero de profesión) se hiciera acreedor en 1980 al Premio Pritzker, algo equivalente a un Premio Nobel de Arquitectura.

Lo que no se dice es que el libro de Ambasz contenía imprecisiones que ojalá Barragán hubiera rectificado. Pero ello no ocurrió. De ahí su sonada disputa con su (hasta ese momento) colaborador y amigo, el escultor Mathias Goeritz, autor de las torres de Ciudad Satélite. Tampoco aclaró Barragán que el diseño de muebles y accesorios de sus casas (que se atribuyeron a él) fueron en realidad realizados por la diseñadora Clara Porset. Y olvidó reconocer que algunas casas las hizo asociado con Max Cetto, y que otra, de plano es de la autoría de Cetto. Caso aparte fue el del pintor Jesús Reyes Ferreira a quien reconoció cabalmente su influencia para introducir los colores que han caracterizado su obra.

La nobleza que caracterizaba Barragán cedió pues ante la presión de la fama, que le hizo escatimar a sus colaboradores y amigos la parte fundamental que les correspondía. No se entiende de un ser que de por si brillaba tanto y que, como es sabido, lejos de crear en solitario, en los años cincuenta solía dar y pedir opiniones, que sostenía pues un intercambio muy fructífero con espíritus afines. En fin.

La obra arquitectónica de Luis Barragán se divide en tres etapas. Sus primeras obras son las de Guadalajara, y las que le siguen corresponden a su etapa racionalista en Ciudad de México. Fueron los fraccionamientos y por supuesto las casas de su tercera época las que lo hicieron famoso. En cuanto a las residencias, puede decirse que son escasas y casi imposibles de visitar salvo la suya propia, que construyó en etapas pero que podría fecharse en 1948. Esta casa, ubicada en la colonia Tacubaya, es considerada su obra maestra y ha aparecido profusamente fotografiada en libros. Hoy día está abierta al público.

Por lo demás, lamentablemente construyó, como digo, muy pocas casas durante toda esta época. En el fraccionamiento Jardines el Pedregal de San Ángel proyectó y construyó (hasta donde yo se) una sola, la casa Prieto López.

El llamado estilo de Barragán no pocas veces se confunde o se liga con el del arquitecto Ricardo Legorreta, cuya obra, si bien se le acerca, es distinta en escala, proporción y sentido espacial. Las residencias que hizo Barragán son más bien íntimas, volcadas hacia el interior, con viguería de madera para techar, con patios y extraordinarias terrazas azoteas, espacios para la reflexión… Una de sus aportaciones fue la de hacernos reconocer que la arquitectura no necesita de grandes gastos para ser de calidad y buen gusto. Parece decirnos que, aparte de buscar la belleza, es importante atender el clima, la vegetación, la topografía, los colores, los materiales y la manera de hacer las cosas del lugar.

Su creación no se limitó a la casa. Intentó también recrear el jardín, su particular regreso al paraíso. Y en esto, Luis Barragán no tiene rival. En el fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel, haría tres jardines “muestra” para enseñar a los posibles compradores el enorme potencial de estos terrenos de vegetación agreste, situados sobre la lava del Xitle. Y en la entrada del fraccionamiento, en Avenida de las Fuentes, una gran reja azul por acceso, y una bellísima fuente, por supuesto, acompañada de la escultura de Mathias Goeritz, mitad serpiente, mitad lagartija, que buscaba representar la fauna característica del Pedregal.

Unos años más tarde, cuando diseña el fraccionamiento las Arboledas, sorprende de nuevo con un gran espejo de agua, los bebederos para los caballos y una de esas bellas paredes que los arquitectos soldían tildar de mera escenografía.

El indudable talento arquitectónico de quien fuera ingeniero por profesión se complementa con su extraordinario gusto y amor hacia los jardines. Un buen día, en 1951, lo invitaron para que hablara de jardines a los californianos. Le dieron como tema base el fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel, lo cual es natural ya que, como mencionamos, fue Barragán quien tuvo la visión creadora para abrir la belleza áspera de los terrenos del Pedregal a la población capitalina. Y de esto, los arquitectos de California estaban bien enterados. Ya para concluir su ponencia, les expresó algunos antiguos principios sobre el arte de hacer jardines. Cito:

“En primer lugar, no hay que abusar de las panorámicas circulares, porque si enmarcamos el paisaje con un buen entorno por detrás, el efecto que se consigue tiene doble valor.
Siempre prefiero los terrenos desiguales y de formas extrañas, porque en tal caso el éxito del jardín está asegurado. Benditos sean los accidentes geológicos.
Y para terminar, les recuerdo el pensamiento de un gran escritor y artista del paisaje, Ferdinand Bac, que decía que: un jardín lleva dentro el universo entero; representa el precio de nuestro trabajo y en el arte de hacer jardines encontramos toda la serenidad de la que un hombre es capaz”.
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Bibliografía

Santa Ana Lozada, Lucía, El legado de Luis Barragán, Bitácora No. 8, Facultad de Arquitectura, UNAM, México, oct-dic 2002

De Alba, María Teresa, El Eco de Goeritz, Bitácora No.5, Facultad de Arquitectura, UNAM, agosto 2001

Katzman, Israel, La arquitectura contemporánea mexicana, INAH, México, 1963

Siza i Vierra, Álvaro, Antonio Toca Fernández et al., Barragán obra completa, Tanais Ediciones, S.A., Madrid 1995

Salas Portugal, Armando, Fotografías de la arquitectura de Luis Barragán, Editorial Gustavo Gilli, S.A., Barcelona, 1992

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